- Emilio Lorenzo Becerril es socio de ACOR desde hace diez años y está especializado en el cultivo de la colza. Aunque también entrega girasol, todo en secano, sus cifras con la pequeña flor amarilla son espectaculares.
Texto e imágenes: Natalia Pelaz
Durante la primavera, los campos de colza transforman el paisaje zamorano en una sucesión de grandes manchas amarillas. En Valcabado y sus alrededores, parte de esa imagen lleva la firma de Emilio Lorenzo. Un agricultor joven con conocimientos de veterano. Su abuelo y su padre, agricultores. Con la diferencia de que ellos sí cultivaron remolacha.
Tiene la suerte de vivir a pocos kilómetros de la capital zamorana y, gracias a eso, sus hijas pueden acudir a diario al centro escolar del pueblo, un colegio que mantiene abiertas sus puertas gracias a una matrícula de más de 30 niños.
Emilio trabaja unas 90 hectáreas de colza y 30 de girasol común. “Aún no he probado el oleico, pero entra en mis planes”, asegura. Además de estos cultivos en secano, siembra algo de cereal y produce semilla para entregar en una cooperativa local.
Es un acérrimo defensor del modelo cooperativo. No solo por lo que reporta al socio económicamente, sino por otros servicios no tangibles que valora mucho, como la atención al socio o el soporte técnico del Servicio Agronómico y de Cultivos de ACOR. “La agronomía es lo que me apasiona. Ver evolucionar y crecer lo que has sembrado”, concreta.
Provincia líder en colza
La experiencia y el conocimiento son muy altos, pero los avances tecnológicos son bien recibidos. “Con tierras en diferentes localidades es complicado acordarse de todo, así que estoy intentando integrarlo todo en el cuaderno digital”, afirma. Es concienzudo y siempre entrega sus cuadernos “revisados”.
“Me gustaría que hubiera más jóvenes en el campo”, explica con cierta pesadumbre. Con la misma cantidad de agua hay parcelas que responden de forma muy distinta, por lo que Emilio insiste en que “deberíamos mirar más hacia el suelo y menos al cielo”.
Hoy Zamora roza las 10.000 hectáreas de colza (9.800) y se sitúa como la provincia con más superficie de Castilla y León. Desde los años 2000 este cultivo se ha ido consolidando y expandiendo en Zamora, hasta ser clave en el territorio.
En una campaña “normal” Emilio puede llevar entre ocho y nueve viajes de colza hasta ACOR en Olmedo. Mientras que de girasol lleva uno o dos.
Savia nueva en el campo
“El año pasado contraté a un chico de 18 años y estuve contento con su trabajo”, asegura. Emilio considera que debemos cuidar a estas personas para que se queden. “Aún así, mi padre me sigue aconsejando con 75 años”. Esa voz de la experiencia es la que más cala en este socio porque “cada campaña es distinta de la anterior”. Este año, sin ir más lejos, la nascencia en colza ha sido irregular debido a que las precipitaciones se hicieron esperar hasta finales del mes de octubre.
La colza no es un cultivo sencillo, pero Emilio la tiene bien medida. La clave, explica, está en acertar con la implantación. “Como falle la nascencia, ya vas arrastrando el problema toda la campaña”. Por eso insiste en preparar bien el terreno y ajustar la fecha de siembra para aprovechar al máximo la humedad disponible.
Emilio Lorenzo ha representado en varias ocasiones a los socios de su zona en las juntas preparatorias y en la Asamblea General de ACOR. Le gusta escuchar, pero también aportar su punto de vista. Su implicación es un incentivo para otros agricultores, que valoran su convicción de que las cooperativas funcionan cuando todos “arriman el hombro” y se piensa en el futuro de los más jóvenes.
La importancia de la rotación
En su caso, la rotación también juega un papel fundamental. Alternar colza con cereal le permite mejorar la estructura del suelo y controlar mejor las malas hierbas. “Se nota mucho en la siguiente cosecha”, afirma. Esa visión a medio plazo es la que le ha hecho apostar fuerte por este cultivo frente a otros más tradicionales en la zona.
Otro de los aspectos que cuida especialmente es la sanidad vegetal. Aunque reconoce que la colza es agradecida, no pierde de vista posibles plagas o enfermedades. “Hay que estar encima, no puedes confiarte”, señala. Para ello, el asesoramiento técnico y el seguimiento de las parcelas son herramientas clave en su día a día.
A pesar de las dificultades, Emilio tiene claro que la colza seguirá formando parte de su explotación. La estabilidad en los rendimientos y su encaje dentro del sistema de cultivo hacen que siga siendo una opción atractiva. “Es un cultivo que, si lo haces bien, responde”, resume.
Con esa mezcla de tradición familiar, inquietud por aprender y apuesta por la innovación, Emilio representa a una nueva generación de agricultores que mira al campo con una mentalidad cada vez más profesional y técnica, sin perder el vínculo con la tierra que le ha visto crecer.