El Laboratorio de PTAO: La Aduana de ACOR

Ni un gramo de semilla entra, ni una gota de aceite sale de la Planta de Tratamiento de Aceites y Oleaginosas (PTAO) sin el visto bueno de este departamento

Texto: Lidia Corral

En el complejo engranaje de ACOR, existe un punto de paso obligatorio donde la precisión se mide en micras y la confianza se construye con datos. Es el laboratorio de la Planta de Tratamiento de Aceites y Oleaginosas (PTAO), liderado por María Caridad Alonso Sanz. Si hubiera que definir su labor en una palabra sería: aduana. Tanto para lo que entra de los campos de los Socios como para lo que sale hacia los clientes más exigentes, este equipo es el filtro infranqueable que garantiza que todo esté en su sitio.

Un equipo de precisión 365 días al año

El laboratorio es un hervidero de actividad constante. Con una plantilla fija de ocho técnicas especializadas, el departamento no descansa. «Trabajamos de lunes a domingo; el proceso del aceite es algo muy vivo y variable», explica Alonso. Durante las campañas de colza o girasol, el equipo se refuerza para dar respuesta al aluvión de muestras que llegan de las básculas.

Aunque el ambiente es distendido, el rigor es máximo. Entre equipos de alta tecnología como cromatógrafos de gases o Resonancia Magnética Nuclear (utilizado para medir la grasa de la semilla con exactitud hospitalaria), las técnicas analizan cada etapa del proceso: desde la semilla bruta hasta el aceite refinado listo para el consumo humano.

Protegiendo el bolsillo del Socio

 

Para el socio de ACOR, el laboratorio es mucho más que un departamento técnico: es su máximo aliado y el juez que garantiza la justicia en el pago. «Lo que el Socio cobra depende de los valores que damos”. Su labor de «aduana» actúa como un escudo en tres frentes críticos donde no se permite ni un error:

  • Vigilancia del Alto Oleico: Prohibido «dar gato por liebre». El aceite Alto Oleico es más caro de sembrar, más difícil de producir y muy demandado. El laboratorio es el encargado de certificar que lo que llega en el camión es exactamente lo que dice la documentación. Mediante análisis rápidos de ácido oleico en la recepción, las técnicas actúan como filtros infranqueables: si la semilla no da el nivel, no entra como Alto Oleico. Esta firmeza evita que una partida mediocre «contamine» los silos premium, protegiendo así el valor añadido y el esfuerzo de los socios que sí cumplen con los estándares de calidad.
  • Seguridad Total: El laboratorio contra el riesgo de incendio. La entrada de semilla con un exceso de humedad (por encima del 15%) es una amenaza crítica. No solo puede pudrir y arruinar el contenido de un silo entero, sino que puede provocar incendios por fermentación. El laboratorio detecta este peligro «en la frontera» del almacén, obligando al pre-secado o al rechazo.
  • Clasificación Estratégica: Cada semilla en su sitio. No toda la materia prima es igual, y el laboratorio decide su destino final. Gracias a la tecnología de precisión, clasifican la entrada para que la logística de silos sea perfecta. Esta segregación es la que permite que ACOR pueda cumplir con las especificaciones técnicas más exigentes de los clientes internacionales, asegurando que el producto final mantenga siempre su máxima cotización.

Eficiencia: Que no se pierda ni una gota

El laboratorio no solo mira la calidad, sino también la «cartera» de la Cooperativa controlando la eficiencia de la planta..

«Controlamos que no quede aceite en la harina (residuo que se usa para pienso animal) porque eso implicaría una pérdida de rendimiento, y que no quede ni rastro de disolvente en el producto final. Si gastamos menos disolvente y extraemos más aceite, maximizamos la rentabilidad», detalla.

Calidad certificada a nivel internacional

Para asegurar que sus resultados son indiscutibles, el laboratorio de PTAO no trabaja de forma aislada. Participan de forma voluntaria en interlaboratorios internacionales, como el francés BIPEA o el grupo Sovena.

«Comparamos nuestros resultados con otros 50 laboratorios de todo el mundo. Si analizamos la misma muestra, el resultado en Olmedo tiene que ser el mismo que en Portugal o Francia. Así demostramos al socio y al cliente que nuestros datos son de absoluta fiabilidad», afirma.

Más que aceite: Control total

La labor de estas «aduaneras» de ACOR se extiende a cada rincón de la planta:

  • Control de aguas: Analizan las distintas aguas y procesos para que la planta sea sostenible.
  • Reactivos: Nada entra en la fábrica (sosa, ácido fosfórico, aditivos) sin que se revisen sus certificados y se haga un control de descarga.
  • Seguridad Alimentaria: Velan por el cumplimiento de normativas estrictas, asegurando que el aceite de ACOR sea, por encima de todo, un producto inocuo y de excelencia.

Al final del día, el laboratorio de PTAO es el garante de un compromiso: que el esfuerzo del Socio en el campo se transforme en rentabilidad y en el mejor producto posible en la mesa del consumidor, con la seguridad de que cada parámetro ha sido medido, verificado y aprobado por las mejores manos.

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